En el Año Santo de 1434, Suero
de Quiñones, prisionero de amor de una dama esquiva,
se comprometió a mantener justas caballerescas o Paso,
con cuantos caballeros quisieran aceptar su reto, comprometiéndose
a defender el puente de Orbigo con otros nueve caballeros
y con autorización de Juan II.
Al terminar las justas, victorioso, marchó en peregrinación
a Compostela a dar gracias al Apóstol. Le ofreció
una gargantilla de plata, que aún adorna el busto de
Santiago el Menor.